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La NBA, ante el fantasma de la previsibilidad

Cuatro son multitud

La falta de sorpresas en la mejor liga de baloncesto del mundo es algo que debería preocupar a Adam Silver.

LeBron James Kevin Durant
Fuente: Brian Spurlock - USA TODAY Sports

Tendremos otra final protagonizada por Golden State y Cleveland. Ambos equipos, tras salvar un 3-2 en contra en sus respectivas finales de conferencia, se volverán a ver las caras a partir de la madrugada del viernes.

Cuatro seguidas. Cuatro. Nunca en la historia de los deportes americanos, tan distintos en el apartado regulatorio a los europeos, se había repetido la final en cuatro campañas consecutivas. Se hace pesado. Aburre. Y más sabiendo que solo un milagro -que por lo general toma la forma de LeBron James– podrá poner en aprietos a los Warriors.

En algún momento Adam Silver debería repasar la historia reciente de la NBA para replantearse como se ha llegado a una situación que no fueron capaces de emular ni los Celtics ni los Lakers en los 80. Una situación que ha hecho previsible a la mejor liga de baloncesto del mundo.

Quizás la previsibilidad se hubiese combatido si Silver hubiese sido lo suficientemente inteligente como para no permitir que el salto en el tope salarial de hace dos temporadas se hubiese hecho en un único verano, para no permitir la anomalía que vivimos: un equipo con un MVP y dos All-Star que pudo ofrecer y ofreció un máximo a otro MVP.

Pero no, Silver no lo fue. El actual comisionado no tuvo la suficientemente altura de miras como para comprender que, en una época en la que la AAU ha marcado el nuevo estándar de la unión entre superestrellas como receta para ganar un anillo -disparando en el pie a la paridad de la liga en el proceso y de manera colateral a mercados pequeños sin mucho atractivo para el jugador-, esta anomalía Warrior tenía visos de suceder. Como finalmente ocurrió.

Y es cierto, se pueden sacar datos de audiencia y decir que estos enfrentamientos entre Golden State y Cleveland suelen tener registros altísimos de espectadores. Al fin y al cabo, son unas finales de la NBA. Y no nos olvidemos que, de las cuatro grandes ligas estadounidenses, el baloncesto es el único deporte que está prácticamente presente en todo el globo, ya sea como segundo deporte del país o como primero, si tiene la suerte de que el fútbol no lo ha engullido todo.

Pero que la gente las vea no las hace imprevisibles. Que la gente vea la temporada regular no la hace imprevisible, y si alguien tenía dudas en septiembre sobre quien se iba a llevar otra vez el anillo, es que o es un iluso o es demasiado optimista. Ambos adjetivos a veces van de la mano.

La NBA seguirá siendo una de las ligas deportivas más vistas del planeta. Juegue quien juegue. Pero que no nos intenten convencer de que esto es bueno para los negocios. La falta de sorpresas en una liga en la que se sabe quién va a ganar no puede serlo. Aunque del otro lado esté LeBron combatiendo un monstruo de siete cabezas. ¿Alguien se acuerda de quien creó al monstruo?

Yo sí. LeBron yéndose a Miami en 2010.

Periodista amateur. Ingeniero de Sistemas. Creador de DBasket.

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