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Lo esencial es invisible a los ojos

Manu Ginobili: el principito

Manu Ginobili se retira y sin él nada será igual. De homenaje, una alegoría al argentino con Saint-Exupéry de fondo.

Manu Ginobili
Fuente: USA Today

El principito es una de las novelas más vendidas de la historia y fue escrito por Antoine de Saint-Exupéry durante su exilio en Estados Unidos. La historia relata el encuentro de un piloto, que termina varado en el desierto del Sahara, y un niño de corta edad. El segundo era nómada y viajaba de planeta en planeta haciendo preguntas que a pocos interesaban. Pese a la trivialidad de sus cuestionarios, nunca dejaba de perseguir su objetivo: encontrarle un significado al mundo en el que vivía. Este príncipe estaba lleno de energía y ganas de aprender. Jamás paraba de hacerlo.

Emanuel Ginóbili fue precisamente eso, un principito fisgón, alguien que siempre tenía preguntas a nuevas respuestas. Desde los 18 años decidió partir hacia rutas salvajes, comenzó su ascendencia y jamás paró. En todo momento le acompañó la curiosidad, la necesidad de descubrir el mundo y nuevas culturas. A diferencia del protagonista de la novela de Saint-Exupéry, el argentino visitó sólo un planeta, pero en cada lugar en el que estuvo dejó una huella, una marca imborrable que perdurará hasta la eternidad.

Su juego no siempre acaparaba los resúmenes de las mejores jugadas, su apellido no estaba en los letreros que anuncian a los titulares fuera del AT&T Center y su nivel siempre era subestimado. A veces por su físico, otras veces por su color y algunas tantas por su solidaridad. Pese a ello, el número 20 continuaba su camino en linea recta, sin importar lo que piensen de él. Porque, como el regalo que le obsequia un zorro al principito, su importancia “no se ve bien sino es con el corazón. Porque lo esencial es invisible a los ojos“.

Más allá de los títulos, trofeos y anillos alcanzados, el legado de Ginóbili va mucho más allá de eso. Su herencia siempre estará en los corazones de aquellos que lo vieron jugar, en esos niños midiéndose la altura al costado de las puertas de su habitación. Esos chicos que en su mente se imaginan a sí mismos en la NBA. Penetrando a la izquierda, pero yendo a la derecha, de reversa y hacia el aro. Ahora todo es posible. Todo gracias a él.

Ginóbili, como el principito, era una persona con ideales que escasean en la sociedad inmediata y en la industria cultural actual, en la que todos parecieran estar amasados según un mismo molde. En donde todo es parecido, oportunista y egoísta, en el cual todos persiguen sus propios ideales. Eso fue antagónico con el argentino, quien tenía valores que trascendieron multitudes. Compañerismo, solidaridad y altruismo son y serán las credenciales que marcarán su valoración, su aporte intangible que pasará de generación en generación.

Manu era un maestro que enseñaba con el ejemplo. Alguien que mostraba que nada era fácil y que todo se lograba trabajando, que con constancia y esfuerzo todo llega. Un tutor diferente al resto que, como los magos, siempre tenía un as bajo la manga. Un líder particular que respondía en la cancha, un jugador distinto que tenía un misterio demasiado impresionante, imposible de desobedecer.

El principito expresaba que “la gente tiene estrellas pero no significan lo mismo para todos. Para algunos, los que viajan, las estrellas son sus guías. Para otros sólo son lucecitas. Para los sabios las estrellas son motivo de estudio y para mi hombre de negocios, eran oro. Pero todas esas estrellas no dicen nada“. Así fue Ginóbili, una constelación perfecta, un cometa que pasa una vez cada mil años. Por ello “tú tendrás estrellas como nadie ha tenido“.

Dicen que en el baloncesto como en la vida todo es efímero, que nada es para siempre. Pero eso no es verdad. La ruta de Emanuel es larga y permanente. Estará marcada en los corazones de los amantes de la naranja para siempre. Porque el mundo pertenece a aquellos que se atreven a soñar, a aquellos que rompen barreras con determinación. Porque “cuando mires al cielo, por la noche, como yo habitaré en una de ellas, como yo reiré en una de ellas, será para ti como si rieran todas las estrellas. ¡Tú y solo tú tendrás estrellas que saben reír!”.

Estudiante de comunicación social. Enfermo del básquet y especialista en NBA. Si hay foul que queden marcas. No te tomes la vida demasiado en serio, total no saldrás vivo de ella.

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