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Brooklyn Nets

Brooklyn Nets: con nada por perder y todo por ganar

Analizamos el camino que ha seguido el equipo neoyorquino para ser relevantes de nuevo.

Caris LeVert Brooklyn Nets
Fuente: NBA.com

Corría el año 2013 y en Brooklyn Nets estaban más felices que un perro con dos colas. Kevin Garnett, Paul Pierce y Jason Terry habían llegado al equipo con la promesa de un campeonato, con el sueño de que todo podía ser posible. Sin embargo, una temporada plagada de lesiones mermó el deseo de las estrellas y el público. Los jugadores ya eran considerados veteranos y nadie los veía más allá de una séptima u octava posición en los playoffs de la Conferencia Este.

El equipo estaba mental y físicamente acabado, no había luz al final del túnel y todo parecía perdido. Pero desde la organización neoyorquina no se rindieron, tuvieron paciencia, se deshicieron de las partes podridas y comenzaron a curar las heridas a su propio ritmo. Reconstruyendo lentamente las piezas, apostaron por fichas jóvenes mediante traspasos y hasta se dieron el lujo de desarrollar sus propios talentos, apoyados en el experimentado ojo de Kenny Atkinson, quien fue contratado para ser el entrenador en jefe y el indicado de llevar a los suyos a la tierra prometida.



Tras una temporada 2017-2018 con resultados poco favorables, los Nets volvieron a confiar en su estrategia y mantuvieron los ideales que le permitieron salir del pozo en el que estaban. Con un crisol de veteranos confiables, estrellas del presente y futuros jóvenes con mucha proyección, Brooklyn comienza a levantar poco a poco su mirada y a afirmarse como uno de los equipos a tener en cuenta este año. Aprendiendo de los errores del pasado, confiando en el maestro del tiempo y aguardando con el estoicismo de los monjes budistas, sin que nada ni nadie los apure o afecte. Con nada para perder, pero todo por ganar.

Ataque

Como todo equipo evolucionado, los Nets bajaron un poco los decibelios y empezaron a jugar a un ritmo más calmado, que no involucra tantos contragolpes, pero que sí les permite dosificar descansos y correr en transición solo en los momentos justos. Tal es así que, si bien su ritmo descendió (de 98,9 puntos cada 100 posesiones la temporada pasada a 97,2 en la actualidad), su productividad continúa creciendo de manera más que correcta y están anotando más en menos oportunidades, promediando casi cuatro tantos más que en la 2017-2018 (de 106.9 a 109.4).

Además, combinaron el lanzamiento de tres puntos y los contragolpes, dos armas que homogeneizaron sus ataques la pasada campaña. Con D´Angelo Russell sano, Joe Harris anotando a mansalva, sumado a la consistencia del dúo Caris Levert-Spencer Dinwiddie y los experimentados Jared Dudley, Shabazz Napier y Allen Crabbe, los neoyorquinos potenciaron aquellas herramientas que les dieron de comer previamente y lo potenciaron a su antojo, creando un monstruo de múltiples cabezas que les permite ser el séptimo mejor equipo desde el triple, promediando un 37% de acierto en dicho apartado.

Pero lo más llamativo de la franquicia no son sus puntos, sus variantes ofensivas o el talento de sus jugadores jóvenes, sino la forma en que Kenny Atkinson logró que los roles estén compartidos y que todos entiendan lo que tienen por hacer. Apoyados en la dirección de Levert, Russell o Dinwiddie, los de Brooklyn poseen un sistema en el que no sólo los aclarados son protagonistas, sino que también se apoyan en dobles cortinas de ascensor en transición para sacar a los tiradores, variantes en el poste bajo para que Jaret Allen pueda explotar sus centímetros o pick and rolls para que los tres primeros mencionados puedan dar rienda suelta a su imaginación, siempre confiando en sus criterios para resolver situaciones.

Defensa

Apoyados en la envergadura de Jarret Allen, los Nets se apoderaron de la pintura frente a sus rivales en el inicio de la temporada 2018-2019 de la NBA. Los espacios que cubren sus brazos al levantarse o al girar a los costados y la posibilidad de saltar verticalmente sin chocar con sus atacantes le permiten al interior de Brooklyn ser una verdadera muralla. Además, los entrenadores supieron educarlo para que pueda jugar de frente al aro y defender a jugadores más rápidos que él. Esto le está permitiendo cerrar los huecos que dejan sus compañeros, disimular y hasta parar a sus contrincantes en los cambios de marca y llegar a las esquinas a cerrar a los tiradores.

Pese a ello, los Nets todavía siguen en el debe en el costado defensivo, principalmente porque no es fácil adoptar un sistema como el de Atkinson, en el que pregona (contrariamente a lo que se acostumbra en la liga) que en los bloqueos no deben haber muchos cambios y que los jugadores tienen que recuperar sus marcas tras un step del pívot que defiende al que está bloqueando.

Al igual que todo proceso, las mejoras también quedan plasmadas y los de Atkinson pasaron de ser el equipo número 28 al número nueve en cuanto a puntos permitidos, concediendo casi tres puntos menos que en la temporada pasada (de 110.3 a 108.6). También la actividad en los tableros y el énfasis que pone el entrenador en involucrar a todos para atrapar los rebotes y generar segundas oportunidades les permite ser uno de los mejores en ese apartado, capturando un 24,4% cada 100 posesiones.

Entrenador

Con jugadores que muchos no quisieron, con resacas de un traspaso con Boston Celtics que devastó a la franquicia peor que la radioactividad a Hiroshima y a pesar de la imposibilidad de elegir talentos jóvenes para el futuro, Kenny aceptó el trabajo, se arregló con lo que le tocó y está aprovechando la oportunidad al máximo. Sus pupilos se nutrieron (y lo continúan haciendo) de su sistema con oportunidades para todos, que les permite optimizar y explotar sus cualidades al máximo. Tanto Russell como Dinwiddie están viviendo el mejor momento de su carrera, LeVert goza de una confianza pocas veces vista y talentos que habían dejado de ser productivos en otras franquicias como Dudley o el mismo Crabbe parece haber bebido de la fuente de la juventud.



Todos están contentos y no hay lucha de egos, el sistema de Atkinson mantiene felices a todos. Las presiones están puestas, pero no los controlan. El proceso es confiar en el desarrollo de lo que tienen y mantenerse en un margen competitivo, sin tankear y buscando un hipotético puesto de playoffs que les permita reafirmar lo que hicieron durante varios momentos de la temporada pasada.

En una liga en la que pocos equipos se jactan de tener un sistema colectivo, con jugadas de cortinas, cortes, aprovechamiento de cambios y lectura, los de Brooklyn mantienen una idea, a pesar de que no muchas veces les responda de la manera adecuada. El principal culpable de esto es Atkinson, quien tendrá un difícil trabajo por delante, pero que siempre buscará salir adelante como él sabe, jugando en equipo y colectivamente, con todos empujando para un mismo lado.

D´Angello Russell: la confirmación de un talento

Tras dos temporadas estacando en Los Angeles Lakers, el joven base fue traspasado a Brooklyn Nets y rápidamente comenzó a dar pinceladas de su talento. Con la necesidad de demostrar que pertenecía a la NBA, el zurdo tuvo un pico de rendimiento la campaña pasada, pero una lesión opacó lo realizado y le obligó a sentarse por el resto de la temporada. Sin embargo, este verano ya se mostró totalmente recuperado y entrenó más que nadie para volver al nivel que todos conocían que podía dar.

A pesar de que sus números decrecieron por milésimas con respecto a la temporada anterior (15.4 puntos, 5.1 asistencias y 3.7 rebotes), el nacido en Louisville se convirtió rápidamente en el capitán del barco, asumiendo la presión en los minutos decisivos y mutando de un anotador demencial a un constructor de juego, transformándose en un maestro del pick and roll que siempre sabe cómo encontrar a sus compañeros y mantenerlos contentos e involucrados ofensivamente.

Diez partidos fueron suficientes para que D’Lo demuestre a todos no sólo su facilidad para anotar, sobre todo desde media y larga distancia, sino también su evolución en cuanto a madurez y liderazgo adentro de la cancha, apoyando a sus compañeros en los malos momentos, explicándoles como tomar ventajas de las situaciones y leyendo el partido para aprovechar las deficiencias de sus rivales, siendo el traductor del idioma desarrollado por Atkinson.

Caris LaVert: este es mi momento

El científico es una de las gratas sorpresas de la administración neoyorquina. Luego de ser elegido en los peldaños de la primera ronda del draft del 2016, el escolta tuvo una lesión que le marginó durante los primeros meses de la temporada 2016-2017. Sin embargo, en el verano posterior entrenó unas semanas con Kevin Durant, quien le invitó a unirse a sus prácticas, le dio consejos y le enseñó movimientos que aplica constantemente.

Después de la pretemporada, LeVert tuvo una progresión notable, pudo recuperarse a tiempo y aprovechó las lesiones de Jeremy Lin y Russell para plasmar su valía la campaña siguiente, promediando unos 12.8 puntos que reflejaron su facilidad para penetrar y anotar en la zona. A la vez que mantuvo siempre una profesionalidad y madurez adquiridas luego de pasar cuatro años en la NCAA.

Alguien que fue elegido en el draft sin hacer mucho ruido y que demostró que puede ser el cómplice perfecto de Russell, siendo el máximo anotador del equipo con 20.5 tantos de promedio por noche. Un jugador en el que todos confían y que hace lo que tiene que hacer para sumar todas las noches dos decenas de puntos. Penetra a su antojo, posee un cambio de ritmo único, frecuenta constantemente la linea de libres (4.4 intentos por partido) y hasta se está animando a lanzar de tres puntos para generar espacios alternativos para él y para sus compañeros.

Además, posee entendimiento y mucha inteligencia para ubicarse en la cancha, situación que Atkinson explota en demasía. Sabe jugar y moverse sin el balón, leyendo cuando hay ayudas en el lado contrario o cambios en las cortinas que le permitan cortar al aro o salir como tirador. En el costado defensivo tampoco desentona y es uno de los mejores jugadores del equipo a la hora de frenar en 1vs1 a los rivales. También maneja bien los tiempos para anticiparse a las jugadas y robar balones (1.5 por partido), siempre con corazón y mucha energía, que transmiten la sensación de que nunca se cansa.

Jarret Allen: no pasarás

Su mutación es quizás la más sorprendente y silenciosa de todas, pero la más importante en cuanto a la relevancia de Brooklyn como conjunto. Luego de haber sido un interior con buen juego de espaldas en la universidad, las dudas se centraban en su lentitud para desplazarse lateralmente en defensa y la falta de velocidad para jugar los pick and roll o atacar el aro de frente a él, no de espaldas.

Sin embargo, poco a poco, como las tortugas, el pívot de los Nets fue trabajando en su repertorio, enfocándose en cómo adaptar su estilo al modelo promedio que impone la NBA, con hombres grandes móviles que sepan tirar, pasar, rebotear o defender sin detrimento en múltiples posiciones. Principalmente su impacto se vio en dos variantes. En defensa, es por antonomasia el jugador central de la estructura de Atkinson, cubriendo todos los espacios y errores de sus jugadores. Tal es así que lidera a Brooklyn en la estadística de +/- cada 100 posesiones (una estimación de puntaje de los puntos defensivos por cada 100 posesiones) con +3.1. Además, su prepotencia reboteadora le permite ser el que más capturas tiene en el equipo (7.8 por partido) y, junto a su capacidad de salto, también es el que más tapones provoca (1.4 por juego).

En ofensiva todavía está verde, pero está involucrándose en ella gradualmente, tal como pregonan los especialistas. Su juego de pick and roll en el eje, principalmente con Russell y Dinwiddie, le permite ser el segundo jugador de segundo que más puntos concede a sus compañeros tras pasar por sus pantallas (3.5 por partido), situándose sólo por detrás de Zach Collins. Junto a ello, al girar al aro tampoco genera dudas y su eficiencia continúa acrecentándose, promediando 89% en sus tiros de dos puntos y 73% en la zona pintada.



Suplentes

Con jugadores secundarios y algunos que otros veteranos de renombre, Atkinson logró formar una falange sideral en el banquillo neoyorquino. La claridad de Spencer Dinwiddie, la puntería y defensa de Shabazz Napier y Allen Crabbe, el repertorio en el poste bajo de Rondae Hollis-Jefferson y el equilibrio de Ed Davis, forman una segunda unidad más que confiable, en la que todos conocen su rol y entienden cómo y cuándo hacer daño al rival.

Cuando los titulares no funcionan, son los suplentes los llamados a resolver las situaciones, entendiendo cuando es necesario desordenar la situación con su juego en transición y cuando hay que mantener la calma, enfocándose en la defensa de sus aguerridos soldados. Tanto Napier (+2.1), como Hollis-Jefferson (+1.3), Davis (+1.5) y Crabbe (+2.5), tienen un +/- positivo cuando están en cancha y, gracias a sus triples o su preponderancia en la zona pintada, tienen material para lastimar adónde más les duele a los rivales.

Lanzando de tres con Napier o Allen (44 y 27% en triples), organizando el juego con Dinwiddie (3.9 asistencias de promedio) y generando gol y segundas oportunidades con el dúo Hollis-Jefferson/Davis (casi 14 rebotes por partido entre ambos), los Nets poseen un equilibro que pocos equipos tienen y, de cara a una hipotética postemporada, será fundamental que logren dosificar los minutos de sus titulares, sobre todo de Russell y LeVert, sus dos principales armas ofensivas.

Confiando en el -otro- proceso

Con la cabeza en el cielo, pero los pies en la tierra, los Brooklyn Nets son conscientes de que el camino a la competitividad no es fácil y que deberán sortear millonésimas de problemas para llegar a ella. Sin embargo, demostraron que también hay un paradigma alternativo, en el que no hace falta contar con mucho dinero para alcanzar eficiencia. Con cuerpo técnico y dirección renovada, los neoyorquinos creen en su propio proceso y lo disfrutan a cada momento.

Lejos de los errores del pasado, de las sequías sin lluvia en periodos estivales y de los saqueos provocados por terceros, los Nets comienzan a resurgir como el ave fénix. Entre las cenizas y con polvo en sus ojos. Con hambre de gloria y con sed de victoria. Porque la mayor gloria de los seres humanos no es nunca haber caído, sino levantarse siempre después de haberlo hecho.



Estudiante de comunicación social. Enfermo del básquet y especialista en NBA. Si hay foul que queden marcas. No te tomes la vida demasiado en serio, total no saldrás vivo de ella.

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