Conecta con DBasket

FIBA

Luis Scola: guerrero de mil batallas

El pívot argentino sigue siendo importante en su selección. Una oda al triunfo albiceleste ante Estados Unidos.

Luis Scola
Fuente: FIBA

Tu en cuyas venas caben cinco Grandes. A quien hace mayores tu cuchilla“, reza el soneto dedicado al Duque de Lerma.

Acostumbrado a los desafíos, el veterano Luis Scola conduce a sus hombres hacia la batalla. No importa en qué lugar, él siempre está presente. No le huye a los problemas y le aburre lo cotidiano. “Si fuera fácil cuéntamelo para tacharlo de la lista“, esboza como presagio. Desde China hasta Argentina sin escalas, el capitán albiceleste baja del avión y se pone a disposición. Disfruta cada segundo, es su show. La gente lo mima, los compañeros lo idolatran. Esta en la casa… Su casa.

//pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js

(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});

Como un niño en su primer partido de benjamines, Scola se regocija a cada momento en pleno calentamiento. No entiende de horarios, está en el recreo de su colegio porteño. Es feliz con tan poco. Todos lo son al verlo. El himno suena al ritmo de “al gran pueblo argentino salud“. Su piel se torna de gallina. Se abraza con sus pares y se emociona. Hasta parece humano. Al término del acto introductorio se saluda con todos, se acomoda su cabello y comprueba que todo esté en orden.

Scola sigue siendo importante

Enfrente está Estados Unidos, a quien el interior conoce muy bien de sus años en el norte. Y ellos también lo conocen, lo rodean y saben de su capacidad para hacer daño. Inmediatamente toman precauciones y le doblan, le triplican las marcas. Es el jugador que no puede anotar. Porque una vez que lo hace no hay quien lo pare.

A medida que pasa el juego en el Superdomo de La Rioja el guerrero, que en su armadura tiene cocido el número cuatro, permanece tranquilo, pasivo como la calma que precede al huracán. Los más jóvenes intentan estar a su altura y sorprender con sus acciones, pero ninguno de sus movimientos siquiera se acerca a los de su capitán. Aquel que con su movimiento de pies crea poesías y canciones de las más bellas. Aquel que con sus fintas hace pasar de largo hasta a la corrupción.

Dicen que la verdad duele. Que quien la dice puede ganarse el odio de muchos. Pero a Scola esto parece no importarle. Sus movimientos no mienten, son sinceridad pura. Sin mucha velocidad, pero con fundamentos de los más exóticos, el pívot albiceleste baila tango en cualquier pista.

Finalmente el reloj marca el inicio del tercer cuarto y la bestia, gradualmente, empieza a salir. Como quien no quiere la cosa comienza a denotar su talento en las pequeñas situaciones. Una ayuda defensiva, un pase desde el poste, una indicación a su compañero. Como un efecto mariposa todos se contagian, empiezan a defender y a asfixiar a sus rivales como una víbora pitón a sus presas. En consecuencia pueden correr y anotar en transición. Las puertas se abren y el público ya está afónico. Nadie puede parar de cantar y todo vibra.

En el último cuarto los norteamericanos ya están vencidos. Derrotados como el rey desnudo que permanecía sin corona, pero que no se entregaba tan fácil, por lo que el entrenador local decide mantener a Luis por un instante más. Cuando la casa está en orden el guerrero por fin puede descansar y todo parece pasar. Su ovación alcanza los decibelios de un concierto de rock y nada se puede escuchar. El héroe merece reposar.

Un ídolo para la afición

Cuando la bocina suena por última vez el capitán se dirige al centro de la cancha. Como un caballero saluda a sus rivales, pero en cuestión de segundos vuelve a ser ese imberbe adolescente que solo quiere festejar con sus compañeros de curso y comienza a saltar. Se ríe, salta y canta como un hincha más. Otra vez parece humano… ¿Lo será?

Tras el gran partido hecho por los argentinos a cualquiera se le subiría el triunfo a la cabeza, pero Luis permanece con los pies en el suelo. Con el sudor cayendo de su frente llama a la calma y comenta que aún no ha pasado nada, que todavía hay un largo trecho hasta la gloria. Sin embargo, el capitán no parece tomar magnitud del hito que acaba de lograr. Por novena vez consecutiva su selección está en un Mundial y nuevamente es en gran parte gracias a él.

Como aquel guerrero descrito en el soneto dedicado al Duque de Lerma, Luis Alberto Scola lo hizo de nuevo y cargó en sus espaldas a una nación entera. Porque “tu ejemplo sin voz sabe rejilla“. Porque “desprecias miedos de la orilla“. Porque “nadando, es justo que en elogios andes“.

//pagead2.googlesyndication.com/pagead/js/adsbygoogle.js

(adsbygoogle = window.adsbygoogle || []).push({});

Estudiante de comunicación social. Enfermo del básquet y especialista en NBA. Si hay foul que queden marcas. No te tomes la vida demasiado en serio, total no saldrás vivo de ella.

Pincha para comentar

Más El Extra Pass